domingo, 27 de octubre de 2013

Comentario de "Las paradojas del consumismo"

 
LAS PARADOJAS DEL CONSUMISMO

Hace algunos años, en plena efervescencia económica, unos grandes almacenes en Londres se anunciaban con un lema perturbador: "Compro, luego soy". Ya diversos antropólogos y sociólogos consideraban que uno es lo que consume, un grado más fino que el dicho "de lo que se come se cría". La crisis económica está llevando a los españoles a cambiar sus pautas de consumo. Para gastar menos, de la mano de unos ingresos más bajos o de la creciente percepción de que pueden bajar en un futuro próximo. No todo es negativo. Puede cambiar, para bien, nuestra manera de ser.
Según el Centro de Investigaciones Sociológicas y otras encuestas, en lo que más hemos reducido nuestros gastos los españoles es en ocio en general y en alimentación, lo que resulta preocupante. Compramos menos carne y pescado y más pollo. Algunos comercios pierden, pero los que se han adaptado para presentar una oferta de crisis, es decir, más barata, crecen. La hostelería ve cómo hay menos gente que cena fuera entre semana, mas no es una mala cosa, especialmente para los privilegiados que tienen que ir a trabajar al día siguiente. Y reunirse en las casas en vez de salir por ahí contribuye a reforzar los vínculos sociales directos.
Los roperos están inflados, por lo que no es extraño que la gente se lo piense dos veces antes de gastar en una prenda que probablemente no necesite. Resulta muy positivo que se ahorre en transporte, usando más el público, en beneficio del medio ambiente. Los proveedores de servicios se ven sometidos a una nueva presión por los consumidores, que vuelven a ser clientes, y que miran mucho más la factura de agua, gas, electricidad o telefonía, terrenos en los que también estamos cambiando saludablemente nuestros hábitos apagando la luz y cerrando los grifos. Lo que resulta más preocupante es que se aplacen las visitas al dentista en un país en el que el nivel socioeconómico se deja ver aún en la dentadura.
Ahora bien, si la crisis logra que algunos de estos cambios de hábitos se afiancen, estaremos mejorando nuestro entorno. Paradojas: sin más consumo no saldremos de esta.
Editorial, “El País”, (7 de febrero de 2012)
 
 
 
COMENTARIO

Es un texto que combina las modalidades expositiva y argumentativa. Expone un anécdota, la del cartel de unos grandes almacenes londinenses (sobreentendemos que se tratará de Harrod’s) con un lema perturbador, o sucesos factuales como los hábitos de consumo a la baja por culpa de una crisis económica profunda y duradera (que algunos expertos catalogan peor que la del crack de 1929 en la Bolsa de Nueva York). Y argumenta con citas de autoridad vagas o amplias (“antropólogos y sociólogos”), con argumentos de datos (encuestas, Centro de Investigaciones Sociológicas), de ejemplificación (“Compro, luego soy”), lógicos (“reunirse en las casas en vez de salir por ahí contribuye a reforzar los vínculos sociales directos”), y de hechos (“para gastar menos de la mano de unos ingresos más bajos”). Su carácter es inductivo porque la tesis o postura defendida aparece al final, después de habernos ido conduciendo a ella con razonamientos previos.
Está elaborado por un periodista anónimo que refleja la línea ideológica del periódico. Este emisor puede ser alguien con la tarea habitualmente encomendada, como por ejemplo el subdirector o un jefe de sección, así como también dos o más redactores que se hayan puesto manos a la obra por encargo del responsable del área. En muchas ocasiones el editorial de un periódico llega a ser escrito por el director mismo. El canal es el papel en el que está impreso el periódico o bien la pantalla del ordenador donde se haya leído el texto. Los receptores son los lectores de este medio de comunicación que, en general, responden a un perfil político progresista. El mensaje es el contenido textual sintetizado en el tema que vendría a quedar insinuado en el título, “Las paradojas del consumismo”, un epígrafe que alerta sobre una de las contradicciones inherentes al capitalismo en su fase de crecimiento. En efecto, el expansionismo siempre conduce al descalabro por no poder ser indefinidamente sostenible. El referente o contexto situacional es la crisis en su recta final porque, a juzgar por la fecha de publicación (7 de febrero de 2012), la depresión económica ya llevaba cuatro años (desde 2008) padeciéndola la población. El código al que se recurre es el de un español estandarizado con un registro lingüístico elaborado aunque aséptico, pretendida o simuladamente objetivo y neutro en el plano conceptual; conciso, sencillo y claro en el formal.
La función primordial es la referencial o representativa, dado que se nos aportan datos extraídos de la actualidad informativa que nos ilustran sobre los nuevos hábitos consumidores en una situación de penuria económica sobrevenida. En segundo lugar, podemos advertir la función apelativa o conativa, puesto que se nos da a entender que los receptores podríamos o deberíamos revertir la crudeza de la crisis consumiendo y gastando más. En tercer lugar, se aprecia la función expresiva o emotiva porque el texto está matizado por la percepción del autor o los autores del texto acerca de lo que está pasando. Por último cabría reseñar leves indicios de la función estética o poética en la personificación o prosopopeya “los roperos están inflados”, en el recurso al refranero popular (“de lo que se come se cría”), e incluso en el empleo de una cita trastocada e irónica (“Compro, luego soy” en lugar del cartesiano “Pienso, luego existo”).
El tema es la depauperación de la capacidad adquisitiva de los consumidores españoles y la consiguiente disminución de las ventas de productos, lo cual empeora la crisis económica. La tesis o postura que se sugiere es la de la reactivación de la economía a través del resurgimiento del consumo masivo. Debemos comprar más para poder ir superando, siquiera sea lentamente, esta crisis.
La estructura es inductiva o sintetizante, como ya se ha dicho, y además se amolda a la del estilo clásico o lineal, pues el primer párrafo cumple el papel de introducción, los dos siguientes forman el cuerpo principal (o desarrollo), y el último aporta la conclusión final.
En resumidas cuentas, el texto nos viene a decir que la crisis actual está modificando los hábitos de consumo entre la población y esto puede suponer un cambio positivo en nuestra forma de vida y en el entorno medioambiental. El ahorro en ocio, alimentación, hostelería, vestidos, transporte, facturas de suministros básicos y odontólogos presenta claroscuros, pues por un lado beneficia a la naturaleza y a nuestra manera de comunicarnos, pero por otro puede afectar a nuestra salud al empobrecer nuestra dieta o descuidar las caries. Lo paradójico en el fondo es que, si no consumimos más, no podremos vislumbrar el final de esta recesión económica.
 

viernes, 25 de octubre de 2013

Comentario del texto "La violencia escolar"

 
LA VIOLENCIA ESCOLAR
 
El cine americano ha tratado muchas veces el maltrato a los docentes, describiendo con tintes sombríos esas escuelas multirraciales en barrios deprimidos donde el profesor es sistemáticamente agredido por pandilleros desmotivados que hacen de las aulas su hábitat de protesta y desarraigo.
 
Podemos creer que eso es cosa de otros y que nunca iba a llegar aquí. Pero lo cierto es que el fenómeno ha irrumpido entre nosotros de una manera preocupante. Según datos del catedrático Javier Urra, quince de cada cien profesores de secundaria han sido agredidos físicamente alguna vez y un 73% verbalmente, y son muchos los que manifiestan sentir miedo al entrar en clase. De ahí que el 80% reclame instrumentos para ejercer más y mejor la autoridad docente. Lo cierto es que hasta ahora el profesor carece de medios para luchar contra unos alumnos que no le dejan dar la clase y no permiten a sus compañeros estudiar y aprender en condiciones. El resultado es ese estrés permanente de muchos docentes y su deseo de salir cuanto antes del sistema.
 
Por ello propuestas como las de la Comunidad de Madrid de conferir a los profesores la condición de «autoridad pública» deben ser bienvenidas. Pero esa deseable medida no lo va a resolver todo. Resulta muy turbador que más del 60% de los profesores consideren que la indisciplina de los alumnos en las clases está directamente relacionada con una excesiva permisividad en el hogar familiar. Educar a los hijos exige oficio y tiempo y los padres que trabajan no siempre lo tienen. Pero esa situación no justifica que se comporten como abogados defensores de sus hijos. Deberían actuar más veces como fiscales ante comportamientos desviados de lo razonable. Así que bien estará la ley, pero no servirá de mucho sin una mayor implicación de los padres en el proceso educativo.
 
Rafael Puyol, “ABC”, (sábado, 19-09-2009)
 
 
Rafael Puyol Antolín
(Gijón, 1945)
Catedrático de Geografía Humana en la Universidad Complutense

COMENTARIO
 
1. JUSTIFICACIÓN DE LA TIPOLOGÍA TEXTUAL:
 
Nos encontramos ante un texto periodístico recogido en la prensa generalista de ámbito estatal, concretamente el diario “ABC”, que podemos situar dentro del subgénero del artículo de opinión, ya que el autor, Rafael Puyol, expresa su punto de vista ante un tema de actualidad que se nos hace patente ya en el título: “La violencia escolar”. Al ser un artículo de opinión, responderá a una estructura propia del  texto expositivo-argumentativo porque, como veremos, nos informará de una realidad sobre la que el autor ofrecerá una valoración a través de una serie de argumentos con los que tratará de persuadir al lector para que éste simpatice con su postura.
 
2. FUNCIONES DEL LENGUAJE:
 
Rafael Puyol muestra una intención subjetiva con el evidente deseo, como ya hemos mencionado, de convencer o persuadir al lector, unida a un interés divulgativo. Así pues, por este interés comunicativo  y por su propia tipología textual,  las funciones predominantes serán la representativa o referencial (con la que nos informará de manera objetiva de una realidad presente: “quince de cada cien profesores…”), unida a la función apelativa o conativa (con la que tratará de atraer la atención del lector: “podemos creer […] ha irrumpido entre nosotros…”), para emplear, por último, la función expresiva o emotiva (con el ánimo de cargar su discurso de argumentos y razonamientos particulares: “…deben ser bienvenidas. Pero esa deseable medida…”).
 
Por tanto, podemos decir que ese interés divulgativo, al que hacíamos alusión, hará que este artículo vaya dirigido a un receptor muy amplio, los lectores  en general, aunque pueda tener especial interés para aquellos que compartan el ámbito de la educación (como pueden ser autoridades educativas, profesores, padres o alumnos). Utilizando un canal escrito sobre un soporte de papel, el periódico, y empleando un código (el idioma español) compartido por el emisor y sus lectores, el autor nos hace llegar su mensaje.
 
3. TEMA, TESIS Y ESTRUCTURA:
 
El tema, como anteriormente hemos indicado, se recoge claramente en el título: la violencia escolar, lo que desde el inicio facilita la unidad del texto y su coherencia.
 
Sobre este asunto de la violencia escolar Rafael Puyol parte de unos hechos concretos (analogía con otros países, datos y ejemplos) para justificar su tesis, que encontraremos al concluir el último párrafo, introducida por un marcador textual consecutivo que adquiere un valor conclusivo: “Así que bien estará la ley, pero no servirá de mucho sin  una mayor implicación de los padres en el proceso educativo”, señalando a la familia como instrumento central para paliar este problema.
 
El autor, al situar la tesis al final, está recurriendo a una estructura inductiva. En cuanto a la coherencia estructural  del texto, se observan tres partes que responden a la organización textual (estructura clásica o lineal) más frecuente en los textos expositivo-argumentativos y que favorecen la progresión temática: una introducción, que abarcaría el primer párrafo y el comienzo del segundo, en la que se destaca la importancia y extensión del problema; un cuerpo argumental o desarrollo  donde, por medio de razonamientos de diferente tipo, el autor  va perfilando su punto de vista sobre el tema; y una conclusión, planteada en la última oración del texto en la que el emisor sintetiza su opinión a modo de tesis.
 
Esta organización no se corresponde con la estructura externa o presentación formal del texto, que se distribuye en tres párrafos. Destaca su sencillez gramatical, semántica  y estructural, logrando que las ideas sean percibidas por los lectores sin dificultad, al utilizar un registro o nivel de lenguaje estándar que respeta la adecuación textual.
 
4. RESUMEN:
 
Rafael Puyol, lejos de situar la violencia en las aulas tan sólo en las pantallas de los cines, y tras aportar datos que así lo corroboran; manifiesta la necesidad de dotar al profesor de una mayor consideración ante el auge de la indisciplina y episodios violentos protagonizados por los alumnos, de modo que la figura del docente se reconozca como autoridad pública, como así lo propone la Comunidad de Madrid. Sin embargo, esta medida debe ir complementada con una mayor implicación de los padres en la educación responsable de sus hijos.
 
5. IMPORTANCIA Y ACTUALIDAD DEL TEMA:
 
Es éste un tema de absoluta actualidad y vigencia, a pesar de estar fechado hace unos años, pues son numerosas las noticias que a diario aparecen en los medios haciéndose eco de situaciones alarmantes en las aulas: agresiones a directores y profesores,  reacciones políticas y sociales, fracaso escolar; pero también por otros acontecimientos directamente vinculados, como la violencia juvenil, los botellones o las agresiones de hijos a padres que en parte son secuelas del síndrome del “niño emperador” o sobreprotegido y mimado.
 
6. TIPOS DE ARGUMENTOS:
 
En la argumentación de su tesis, el autor parte de una analogía o comparación al relacionar lo que está sucediendo con lo acontecido en  otros países (hecho ya recogido en el cine norteamericano), valorando el carácter inevitable del problema. Para mostrar la gravedad y extensión de la violencia escolar en nuestro país utiliza un argumento de autoridad basado en las cifras aportadas por un catedrático. Esto le lleva a emplear un argumento de conocimiento general (la ausencia de medios para el   profesor) que     acarrea sus consecuencias: la desmotivación y el  deseo de abandono por parte del profesorado.
 
La propuesta de la Comunidad de Madrid aporta un argumento de ejemplificación que le permite completar su tesis por medio de un argumento basado en datos científicos que muestran la necesidad de afrontar otro aspecto: el papel de la familia. Por último, admite un hecho (la falta de tiempo y dedicación de los padres) para acto seguido contra-argumentar o refutar señalando a la responsabilidad ineludible de los progenitores.
 
7. ANÁLISIS DE LOS RECURSOS LINGÜÍSTICOS: COHERENCIA Y COHESIÓN.
 
Tres son los niveles que aportan cohesión y unidad al texto, facilitando a la vez solidez  y progresión temática al mismo.
 
A) En el nivel morfosintáctico destaca el empleo de sustantivos acompañados de adjetivos  valorativos que aportan subjetividad: “manera preocupante, deseable medida, excesiva permisividad”. Esta subjetividad la podemos observar en el empleo de la primera persona del plural en el comienzo del segundo párrafo: “Podemos creer […] entre nosotros”, implicando al lector en el inicio del desarrollo argumental. Si bien en el resto del texto se utiliza la tercera persona: “el profesor carece, el resultado es”, aportando una sensación de alejamiento o aparente objetividad del autor, actuando frecuentemente como sujetos los implicados en el problema: profesores y padres. Otro uso verbal destacable es el empleo puntual de valores imperativos, propio del carácter argumentativo (función apelativa) del texto: “deben ser bienvenidas, deberían actuar…”. También es propio de este tipo de textos la aparición de los verbos conjugados en presente del modo indicativo (“podemos, manifiestan, carece…”) para referirse a la situación actual, mientras que al final del texto utiliza el futuro (“será, servirá”) para avanzar deseos o posibles consecuencias.
 
Como conclusión lógica de lo apuntado anteriormente, la modalidad oracional utilizada es la enunciativa (“El cine americano ha tratado…”), con la ausencia de otros recursos lingüísticos que podrían reforzar el carácter subjetivo del texto (interrogaciones retóricas, expresiones desiderativas o dubitativas, etc.). Esta modalidad oracional aparece normalmente en oraciones compuestas subordinadas, como por ejemplo en “el profesor es agredido por pandilleros que hacen de las aulas…”
 
Los elementos deícticos apoyan la cohesión del texto evitando la utilización de términos reiterativos “iba a llegar aquí, son muchos los que, no le dejan…”, al igual que sucede con la elipsis “( ) se comporten, ( ) deberían actuar”.
 
B) En el nivel léxico-semántico resalta el empleo de términos relacionados con los dos campos asociativos que configuran el tema y dan unidad al texto en torno a la violencia (“maltrato, agredido, pandilleros, miedo, autoridad, indisciplina…”), y la escuela (“docentes, profesor, aula, secundaria, clase, estudiar, aprender…”). Entre estos últimos encontramos ejemplos de sinonimia (docentes=profesor, aula=clase) y antonimia (“profesor/alumno”), además de elementos pertenecientes a una familia léxica (“profesor, profesorado…”). El léxico está utilizado de modo denotativo, sin presencia de tecnicismos, cultismos o valores connotativos, ni tampoco observamos ninguna figura literaria destacable, lo que favorece su carácter divulgativo.
 
C) En el nivel textual debemos resaltar la repetición de marcadores con valor de contraste u oposición (“pero esa deseable …”, ” pero lo cierto es que el fenómeno ha irrumpido…”, ”pero esa situación no justifica…”). Este recurso favorece el desarrollo argumental, y con ello la cohesión textual, al contraponer ideas y resaltar las que interesan al autor. También hay que destacar los marcadores textuales con valor consecutivo (“de ahí que…”, “por ello…”, “así que…”. Este último aporta también un valor conclusivo o de cierre al texto).
 
8. OPINIÓN PERSONAL. POSICIONAMIENTO CRÍTICO:
 
Una vez más se busca la culpa en el exterior del sistema académico, que la hay, pero no toda es entera responsabilidad de unos padres dimisionarios, relajados, sobreprotectores o excesivamente permisivos. Hay una responsabilidad y un deber moral en las autoridades administrativas que no han querido legislar unos reglamentos de régimen interno en los centros para que se respete al profesor y a los alumnos y brille la disciplina. No, en aras de una supuesta fe en la bondad innata del ser humano cuyas raíces cabría rastrear en el concepto del “buen salvaje” rousseauniano, los distintos ministros de Educación, Cultura y Deportes han dejado pasar la oportunidad de fortalecer la autoridad de los docentes. Algo similar a lo ocurrido con la defenestración de la llamada “doctrina Parot” por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, pues si se hubiera dictaminado en España una ley que penara los crímenes con la cadena perpetua revisable, hoy no estaríamos asistiendo a la puesta en libertad de asesinos con varios homicidios a sus espaldas por culpa de un parche legislativo de acumulación de penas que resultó ser inadecuado.
 
En el sector de la Educación hemos asistido y todavía asistimos a huelgas por motivos variopintos: solicitud de aumentos de sueldo, protesta contra los recortes presupuestarios, rechazo al aumento en la nota de corte para entrar en determinadas facultades u obtener becas, etc., pero nunca se reclama la celeridad en el procedimiento para expulsar a un alumno que perturba y no deja trabajar en el aula. Cabe deducir que las autoridades buscan la docilidad del electorado promoviendo el analfabetismo funcional de los ciudadanos al mismo tiempo que camuflándolo, para cuyo fin actúan demagógicamente poniéndose del lado de los que no estudian y disminuyendo el poder del profesor.
 
El profundo fracaso a que ha conducido esta política en términos académicos (como recogen una y otra vez los informes PISA) tal vez haya sido un éxito político para los gobiernos de izquierda que han disfrutado presionando a los maestros con exigencias de trámites burocráticos interminables, criterios de evaluación exhaustivos, programaciones idílicas y todo tipo de informes pedagógicos. Lamentablemente, quienes así actúan a modo de comisarios políticos lo único que han logrado es enrarecer el ambiente escolar y deteriorarlo. Algo que además han hecho poniéndose una venda en los ojos frente a la oleada de barbarie que nos inunda y dándole alas a la mediocridad y a la mezquindad de miras de muchos adolescentes disruptivos y padres consentidores, cuando no alentadores, de los actos vandálicos perpetrados por sus hijos.
 
Debería regresar la sensatez a los centros de enseñanza y considerar al adulto, que es el profesor, una autoridad indiscutible para expedientar por la vía rápida al joven inmaduro e irresponsable que dilapida los recursos (pagados por los ciudadanos con sus impuestos) comportándose de manera violenta en clase. No como ahora, en que se ha llegado a la perversión de considerar que el enseñante debe aguantar todo y ser torturado sin poder echar del aula a nadie, culpándole además de ser el responsable de la situación por no saber motivar a los alumnos malcriados y perturbadores.
 
9. CONCLUSIÓN Y CIERRE TEXTUAL:
 
En España, mientras la violencia campa por sus anchas en los institutos por toda la geografía patria, en ocasiones los gobiernos han tenido el detalle de regodearse programando en cadenas públicas de televisión películas que reflejan la situación escolar de los niños en el siglo XIX, con profesores rígidos empuñando una vara de madera para castigar a los pobres, inocentes y desvalidos infantes. Esta férrea disciplina británica constituye de por sí un extremo indeseable que ya no existe en ninguna parte, como no sea en un régimen comunista al estilo de Corea del Norte, y ni así. Ahora bien, el polo opuesto de las vejaciones al profesor  tampoco debería permitirse porque los extremos, ya se sabe, se tocan hasta llegar a confundirse.
 
En cuanto a la desestructuración en los hogares o lo que respecta a los procedimientos de progenitores desencaminados, nuestros docentes no pueden entrometerse ni tienen capacidad para enderezar rumbos torcidos o dejaciones familiares. Largo nos lo fía el señor Puyol si pospone la solución de la violencia escolar a que adquieran buen criterio los padres, cuando muchos de ellos transmiten falta de respeto y consideración hacia los profesores, producto tal vez de sus propias frustraciones infantiles y de la envidia que les provoca la sempiterna cantinela del exceso de vacaciones.
 
 
Hoy abundan los padres tiranizados por sus retoños

domingo, 20 de octubre de 2013

Comentario del texto "Esos jueces"

De izquierda a derecha: José Castro (Córdoba, 1947), el magistrado que lleva el caso Nóos; Pablo Ruz (Madrid, 1975), encargado del asunto Bárcenas; Javier Gómez Bermúdez (Málaga, 1962) en cuyas manos estuvo el extraño juicio sobre el 11-M; y Mercedes Alaya (Écija, 1963), la juez que carga sobre sus hombros el macroproceso de Mercasevilla y los ERE en Andalucía
 
ESOS JUECES
 
La apabullante abundancia de corruptos y las zozobras de la crisis están teniendo una consecuencia inesperada: la entrada en escena de un puñado de jueces que, de pronto, parecen haberse convertido en nuestra última esperanza. Qué mudables son las sociedades en épocas convulsas: en junio de 2012, un sondeo del CIS mostraba que el 58% de los españoles tenían poca o ninguna confianza en los jueces. Hace unos días, otro sondeo ha dictaminado que siguen siendo los profesionales menos valorados (no entraban los políticos), pero ojo porque la encuesta es diferente: ahora se pedía su puntuación y han sacado 59 sobre 100, o sea un aprobado alto. Creo que no hace falta ser del CIS para apreciar que, en los últimos meses, una serie de magistrados se están convirtiendo, para muchos, en los únicos interlocutores institucionales válidos ante las angustias de la sociedad. Y, así, admiramos a Mercedes Alaya, sola e implacable ante la marranada de los ERE (tiene una página de fans en Facebook que ya va por los 17.000 seguidores); y desde luego al juez Castro, que ha tenido el coraje y la dignidad de imputar a la Infanta, devolviendo al país la credibilidad en el sistema legal; y a Vigués, el decano de Valencia que hizo el informe contra los desahucios; y a los muchos magistrados que, desde Vigo hasta Lanzarote, se están negando a echar a la gente de sus casas. Estamos tan necesitados de héroes civiles, de poderes protectores y de paladines, que, de seguir así, los jueces se convertirán en el estamento estrella. Lo cual enseñaría a los políticos que recuperar el aprecio ciudadano es cosa fácil. Bastaría con dejar de perseguir ferozmente a quienes protestan (veo más violencia en las declaraciones políticas que en la mayoría de los escraches, según testigos) y con demostrar que por lo menos son capaces de escuchar el dolor de la calle.
 
Rosa Montero, “El País”, (9 de abril de 2013)
 
Rosa Montero
(Madrid, 1951)
Escritora y periodista
 
COMENTARIO

Se trata de un texto con carácter expositivo-argumentativo. Expositivo, porque en él se exponen datos estadísticos basados en encuestas y se mencionan aspectos puntuales de jueces en principio honestos o valientes. Y posee también un carácter argumentativo, porque aporta la idea de cómo deberían los políticos imitarles siguiendo  el mismo camino.
El texto pertenece al subgénero periodístico de la columna de opinión y se enmarca en la doble situación de crisis económica y corrupción moral que padece España. Lo ha escrito la novelista y periodista profesional Rosa Montero, una escritora de índole sentimental con treinta años de trayectoria literaria aproximadamente. El título hace una referencia somera a unos pocos jueces que por su rectitud nos resultan admirables. Apareció publicada en un periódico de alcance nacional y tendencia ideológica progresista en torno a la primavera del año dos mil trece.
 
La principal función lingüística del texto sería la referencial por los datos y argumentos que nos proporciona. En segundo lugar, estaría la función conativa o apelativa porque busca que los políticos cambien de actitud. Y en tercer lugar, el texto está dotado de la función emotiva o expresiva debido a que está ligeramente teñido de una emoción personal, la admiración que le suscitan unos cuantos jueces.
 
En cuanto a los elementos del circuito comunicativo, resulta evidente que Rosa Montero es la emisora; los lectores del periódico, tanto en versión de papel como digital, serían los receptores. “El País”, periódico que publicó esta columna de opinión, sigue siendo la cabecera más difundida entre los españoles. El canal, en este caso, es el formato de papel. La situación o contexto situacional concreto que conocemos sería la prueba de acceso a la universidad para los estudiantes que se examinan. El código consistiría en el idioma español utilizado de manera elaborada y formal (con una excepción, el término “marranada”, empleado para dar mayor énfasis o fuerza hiperbólica a un delito impresentable: el desvío de fondos para cubrir los subsidios de desempleo que fueron malversados en cocaína, comilonas y gastos de financiación del partido socialista obrero español). El mensaje es el rayo de esperanza que encarnan los jueces cuya conducta ejemplar debería ser emulada por los gestores políticos. Y el referente, por supuesto, no es otro que el enfangamiento en la corrupción que viene revelándose en nuestra democracia de un tiempo a esta parte con mayor virulencia que nunca.
 
El tema del texto podría quedar enunciado de la siguiente manera: “Surgimiento de un grupo de magistrados como últimos baluartes contra la corrupción”.  Otra manera más sencilla de enunciar el tema o idea principal podría ser ésta: “El valor de ciertos jueces en el desempeño de su labor”.
 
La tesis defendida está en la línea de la admiración por el trabajo que un grupo de jueces desempeña, y sobre todo, con el hecho de que los políticos deberían seguir el modelo de los jueces en sus actuaciones.
 
La estructura que articula el texto es la clásica, esto es, la compuesta por un planteamiento (admiración por unos juristas), desarrollo (explicitación de quiénes son), y desenlace (los políticos habrían de seguir sus mismos pasos). Secundariamente, la estructura sigue un proceso deductivo o analítico, porque a partir de la premisa inicial consistente en la ejemplaridad de unos jueces destacados, la autora va desgranando ejemplos (Mercedes Alaya, el juez Castro y el magistrado Vigués) hasta llegar a una conclusión final.
 
El texto se podría  resumir así:  “De un año para acá la imagen de los jueces ha mejorado, quizás debido a que un grupo de magistrados está suponiendo un bastión contra los abusos de los desahucios y otros casos de corrupción flagrante. Su fama ascendente podría servir de espejo en el que los políticos obtendrían una imagen con la que compararse y aprender el camino a seguir.”
 
La relevancia del tema abordado y su candente actualidad quedan manifiestos por el clima de inmoralidad debido a los casos de corrupción escandalosa que padecemos. En parte porque estamos viviendo los resultados de una transición mal hecha, según la escritora Almudena Grandes; en buena medida porque el sistema de autonomías ha conseguido que en cada comunidad prolifere una especie de señores feudales capaces de hacer con su capa un sayo; de alguna manera porque la Constitución española necesita una revisión al no dar más de sí; y sobre todo, debido al factor humano de la codicia, el oportunismo y el afán ventajista propio de los seres humanos; considero que por todo esto estamos asistiendo atónitos a una doble crisis: moral y económica.
 
Rosa Montero utiliza argumentos de datos (una encuesta del CIS o Centro de Investigaciones Sociológicas), de ejemplificación (menciona a los “jueces-estrella”), lógicos (razona que la corrupción acarrea la visibilización de jueces a quienes se apela para combatirla), y de causa-consecuencia (el buen ejemplo de los togados mostraría lo que debieran hacer los políticos).
 
Análisis de los recursos lingüísticos que dan coherencia al texto:
 
En el nivel léxico-semántico cabe destacar el empleo de términos relacionados con los dos campos asociativos que configuran el tema y dan unidad al texto: la justicia (jueces, magistrados, imputar, sistema legal, decano) y la crisis (crisis, políticos, ERE, desahucios, poderes protectores, estamento, escraches). En este mismo plano semántico observamos el empleo de adjetivos y expresiones con carácter valorativo (apabullante abundancia de corruptos, última esperanza, épocas convulsas, Mercedes Alaya sola e implacable, la marranada de los ERE). El uso de un adjetivo valorativo, como es el caso del epíteto “apabullante”, adquiere carácter hiperbólico y redundante al calificar al sustantivo “abundancia”. Otros dos adjetivos ponderativos subrayan el papel de la jueza Mercedes Alaya: “sola” e “implacable”. Puede apreciarse que el empleo de sustantivos como “zozobras” y “paladines”, o el adjetivo “convulsas”, adscriben el texto al registro diafásico culto, formal y elaborado. Precisamente, en ese contexto cabe resaltar el sustantivo “marranada”, un vulgarismo empleado  con intención enfática a destacar como una excepción léxica en un cotexto o contexto lingüístico de vocabulario cuidado. El galicismo “escrache” demuestra la precisión que busca la autora, y aunque es un término que se ha popularizado, hasta hace bien poco era desconocido. Designa el acoso hacia una persona hasta llegar a formarle manifestaciones delante de la puerta de su casa.
 
En el plano morfológico podríamos mencionar el uso de adjetivos derivados, como “inesperada” (con el prefijo negativo in-, y el sufijo de participio de pasado –ada), “mudables” (gracias al sufijo –ables, cuyo significado es 'que se puede'), “implacable” (con el prefijo privativo –im y el sufijo derivativo –able, cuyo significado resultante es 'dicho de algo que no se puede detener'). También podría añadirse el sustantivo “interlocutores”, cuyo prefijo inter- y sufijo –or, más el morfema de plural –es, dan como significado 'los que hablan entre sí'. Asimismo, hay recursos léxicos reseñables como, por ejemplo, el uso de paréntesis para introducir aclaraciones o remarcar argumentos (no entraban los políticos, tiene una página de fans…, veo más violencia…), hipérboles (de seguir así, los jueces se convertirán en el estamento estrella), metáforas (escuchar el dolor de la calle). En cuanto a los verbos, debemos resaltar la recurrencia de la primera persona del singular (creo, veo), así como del plural (admiramos, nuestra última esperanza, estamos), cuyo objetivo es acercar e implicar al lector en la problemática expuesta.
 
En lo que corresponde a la sintaxis, predominan los nexos completivos (cinco) sobre los relativos (tres). Hay una subordinación  adverbial consecutiva “tan…que” y una comparativa “más…que”. Teniendo en cuenta que la coordinación sólo aparece en el fragmento donde se cita a los jueces utilizando los conectores de causa/efecto “y, así”, de adición “y desde luego”, para acabar con las conjunciones copulativas “y…y”, concluiremos que la subordinación predomina, algo lógico si se tiene en cuenta que es más propia de la argumentación, variedad textual elaborada y compleja de por sí.
 
En el plano conceptual observamos repeticiones léxicas (pues se reiteran los términos “jueces” y “políticos”), sinonimia (jueces = magistrados = profesionales = interlocutores institucionales / sondeo = encuestas), elipsis (al juez Castro / a…Vigués).
 
En cuanto a la deixis, el elemento anafórico que viene a ser el pronombre relativo “lo cual” alude o señala al concepto de “la necesidad social de héroes, protección y líderes honestos”.
 
Mi opinión personal es que la autora peca de optimista y con su postura lo único que consigue es parchear una deplorable situación de emergencia que, a mi modo de ver, constituye todo un naufragio social. Con lo lenta que es la justicia en España, y con lo politizada que está, siendo hoy los jueces designados en cuotas por el partido en el gobierno y el principal en la oposición, la justicia española ni es justa, porque es lenta; ni es independiente, porque depende de quien nombra a los jueces, con lo que éstos actuarán según el dictado de sus amos para no perder sus puestos.
 
Encima, Rosa Montero creo que incurre en la demagogia al calificar los escraches como menos violentos que las declaraciones políticas. Vamos a ver: ¿es que perseguir a alguien hasta su casa y montarle un numerito con protestas no pone en peligro la seguridad y la vida de quienes allí habitan? ¿No puede haber delincuentes que se mezclen entre los manifestantes? ¿No se hace público así el domicilio del político en cuestión, algo que debería ser privado? ¿No podrían ser agredidos al entrar o salir de sus casas? ¿Acaso no les conduciría a la sensación de estar secuestrados? ¿Y si tienen hijos pequeños? ¿Ellos también son perseguibles o culpables? Definitivamente, no. Unas palabras surgidas de los labios de un político, normalmente no son más violentas que un escrache, como no sea un acto de habla realizativo del tipo de una declaración de guerra.
 
En conclusión, este artículo de opinión me parece un excelente paradigma del pensamiento exhibicionista prototípico de la izquierda: pasen y vean, he aquí la pasarela de modelos en que se convertirán los jueces elevados al estrellato. Se trata de armar un espectáculo a partir de una tragedia y no de resolverla. Nada de análisis riguroso de las consecuencias económicas que acarrearía la inseguridad jurídica por no pagar las hipotecas, más el mal ejemplo o la injusticia y el desánimo que cundirían entre los que sí las pagan con esfuerzo. Se trata de contemplar en el estrellato a unos jueces que al final no podrán limpiar el sistema de sus excrecencias y de escuchar el dolor (¡oh, catarsis!) de los desposeídos (algunos de entre ellos caraduras y sinvergüenzas) como si se tratara de montar un guiñol, esto es, puro teatro.
 
 
¿Qué sentido tiene montar un escrache frente al domicilio de un político cuando éste frecuenta actos públicos donde los manifestantes pueden pedirle cuentas, protestar y abuchearle?

miércoles, 16 de octubre de 2013

Comentario del texto "Aprender a suspender"

 
APRENDER A SUSPENDER

EL poeta y profesor Enrique Baltanás prometía hace poco escribir un “Elogio del suspenso” y adelantaba: "No nos pronunciamos, nuestro juicio sobre alguien lo dejamos en suspenso  hasta mejor ocasión. Por eso el suspenso no debería llevar nunca nota numérica". Por ahora, los alumnos están en suspense ante la inminencia de los exámenes del primer trimestre. Mientras ellos se esperan lo peor, y yo el luminoso elogio de Baltanás, resulta natural que todos pensemos en los suspensos.
Las incesantes leyes pedagógicas nos proponen que aprendamos a aprender, que aprendamos a emprender, que aprendamos a usar las nuevas tecnologías, a convivir para la ciudadanía, a los valores (siempre y cuando sean democráticos) y a un centón de cosas más. Bien. Según reza el refranero, el saber no ocupa lugar; aunque uno a veces abriga la sospecha de que Luis Cernuda iba mejor encaminado cuando objetó: "El saber ocupa lugar, tanto, que puede desplazar a la inteligencia". De todas maneras, eso no afecta a nuestros estudiantes, sino apenas a algunos profesores de las que Borges llamó crédulas universidades. Más cerca nos cae el aviso de Unamuno: "El maestro que enseña jugando acaba jugando a enseñar". Contra la tentación lúdica siempre nos quedarán los exámenes y el riesgo del suspenso.
Lo explicará mejor Baltanás. Yo solamente quería proponer que, para la nueva reforma educativa, que estará al caer, pues no paran, se contemple otro aprendizaje: aprender a suspender. Las pedagogías modernas descuidan este aspecto, y resulta clave si queremos preparar de verdad a los alumnos para el futuro.
Mi propia experiencia demuestra que la mayor parte del tiempo se lo pasa uno fracasando. Muchos de nuestros proyectos no salen como habíamos pensado o directamente no salen. La vida es una evaluación continua, ¡uf!, y al final de la misma, según san Juan de la Cruz, nos examinarán (¡otro examen!) de amor. Lo mejor sería aprobarlo todo y, como mínimo, el examen final, pero no se puede aprobar siempre.
La autoestima, el escalón de desarrollo próximo, el progresa (faltaría más) adecuadamente (por supuesto) son muy agradables para todos los involucrados en el proceso de enseñanza-aprendizaje que lo llaman. Sin embargo, acaban dejando a los alumnos inermes ante la vida misma, cuando empiezan a caernos suspensos desde todas las esquinas. Entre otras cosas, deberíamos enseñarles a suspender con dignidad y espíritu de autocrítica y superación.
Ojalá ningún alumno mío se aterrorice al leer este artículo. Al revés, que se regocije. En cualquier caso, aprenderá algo importante: o mi asignatura o, aun más práctico, a suspender. Qué suerte.
Enrique García-Máiquez, “Diario de Sevilla”, (26-11-2008)
 
Enrique García-Máiquez
(Murcia, 1969)
Poeta, columnista y ensayista 
COMENTARIO

Estamos ante un texto de tipo periodístico publicado en un medio de ámbito regional. Pertenece al subgénero del artículo de opinión porque en él vierte sus disquisiciones y conjeturas el autor, García-Máiquez. La tipología textual es de carácter expositivo porque presenta un tema, el hecho de suspender o fracasar y la dificultad o imposibilidad de su evaluación. Además tiene carácter argumentativo porque defiende con razonamientos la necesidad de aprender a tolerar nuestros fracasos.
Los elementos del circuito comunicativo resultan obvios: Enrique García-Máiquez es el emisor; los lectores del diario, los receptores (aunque en nuestro caso concreto sean los alumnos que van a comentarlo), el mensaje es el contenido del texto; el canal sería la pantalla o el papel a través del cual es leído; el código es el español estándar con un nivel o registro lingüístico formal y elaborado; y el contexto situacional, o referente extralingüístico, consistiría en el inicio de un nuevo curso escolar, pues hace referencia a los exámenes del primer trimestre.
Las funciones del lenguaje que se aprecian son cuatro: la conativa o apelativa por la intención de convencer a los receptores de la tesis defendida; la referencial o representativa  por la carga conceptual en las citas de autoridad ofrecidas; la expresiva o emotiva por la subjetividad de la opinión personal expuesta y, por último, la poética o estética por el recurso estilístico de la ironía.
El tema es la omnipresencia de los suspensos o fracasos a lo largo de nuestra vida. La tesis propuesta es la necesidad de crear una asignatura que nos enseñe a suspender o fracasar sin que nuestra autoestima sucumba.
La estructura del texto es de tipo clásico o lineal. El planteamiento abarca los dos primeros párrafos; el desarrollo, los tres siguientes; mientras que la conclusión o desenlace figura en el párrafo final.
En síntesis el texto nos viene a decir que hoy se imparten todo tipo de materias pero sigue faltando una primordial: aprender a sobrevivir después de fracasar una vez tras otra, porque no sólo de suspensos está empedrado el camino académico, sino también el de todas las demás facetas de la vida como la sentimental o la profesional.
Este tema cobra una importancia inusitada a la que tantos libros de autoayuda tratan de parchear. Se trata del problema de la autoestima malherida, de la brusca colisión de los deseos y las proyecciones contra la dura y triste realidad. En efecto, demasiada gente vive feliz y alienada bajo el manto protector familiar. Me refiero a los jóvenes abducidos por las ilusiones del mundo virtual de las películas y los videojuegos. Esta franja de la población está mal o nulamente preparada para afrontar la vida exterior, la feroz lucha que acarrea la competitividad. Además, especialmente entre los jóvenes, es muy difícil aceptar que no se tienen las cualidades necesarias para una determinada actividad, con lo cual el batacazo será mayor y dolerá más. Imaginemos a un alfeñique que quisiera ser un puntal en la modalidad deportiva de la lucha canaria: no reconocer sus limitaciones de partida le conducirán al fracaso total. Si bien éste es un ejemplo radical para entendernos, existen muchos otros más o menos aproximados que nos conciernen a todos. En vista de esta situación, y dado que nadie nace sabiendo datos que te aportará la experiencia propia, podrá ser interesante la inclusión de esta materia en una asignatura como “Ética”, aunque claro, no podría constituirse en un curriculum entero por sí mismo esta idea sola. Debemos tener en cuenta, como se nos dice en la Biblia, que son muchos los llamados y pocos los escogidos, es decir, que en toda actividad o rama del saber humano hay una amplia base de millones de aspirantes a la excelencia y una reducida élite de muy pocos individuos en la cima. Teniendo en cuenta que el éxito de una persona está en relación con el mayor número posible de fracasados, queda claro que ayer, hoy y siempre, será necesario que nos mentalicemos para convivir con el fracaso.
Los argumentos expuestos son de generalización (“Las pedagogías modernas descuidan…”), de experiencia personal (“Mi propia experiencia demuestra que…”), de ejemplificación (“Lo explicará mejor Baltanás”), de autoridad (citas de Borges, Cernuda, Unamuno, San Juan de la Cruz) y, por último, de contraposición de ideas o contradicción (“Sin embargo, acaban dejando a los alumnos inermes…”).
En el nivel léxico observamos correferentes (alumnos, profesores = todos los involucrados), antonimia (aprobar/suspender, aterrorice/regocije). La red léxica se teje alrededor de palabras relacionadas con el ámbito educativo. Cabría resaltar el campo semántico de la enseñanza (profesor, maestro, alumnos, asignatura, trimestre, aprendizaje, evaluación, universidades, examen), la familia léxica de suspender (suspenso, suspensos), las reiteraciones de palabras (suspender, suspenso, alumnos, examen) y las derivaciones (suspenso, suspender, suspense; examen, examinarán; aprender, aprendizaje). En el nivel morfosintáctico destaca la escasez de adjetivos explicativos o epítetos (“luminoso elogio”), el predominio de nominalizaciones (aprendizaje) y sustantivos abstractos (juicio, inminencia, inteligencia, dignidad), el empleo de la primera persona del singular (quería proponer) en medio del uso de la tercera persona con que se articula el texto, y el recurso a la primera persona del plural inclusivo (deberíamos enseñarles, nuestros proyectos, queremos preparar).
En el plano textual vemos que es un texto perfectamente cohesionado por procedimientos tanto gramaticales como léxicos. El autor se hace presente de forma constante gracias a la deixis personal recurriendo al uso del pronombre personal en primera persona del singular (“ellos se esperan lo peor y yo…”) y al plural inclusivo (“nos proponen…”). Echa mano también de los verbos en primera persona del singular (“quería proponer”) y de la impersonalidad (“uno a veces abriga la sospecha”) mediante el pronombre indefinido que convierte al autor en cualquiera de los receptores. Para reafirmar lo dicho observamos determinantes posesivos de un solo poseedor (“mi propia experiencia…”, “mi asignatura”) o varios (“muchos de nuestros proyectos”). Por medio de la deixis social establece diferencias entre el yo (profesor-autor) y el ellos (sus alumnos). La deixis temporal nos remite a un momento actual próximo a la primera evaluación del curso en vigor, con algunas analepsis  al pasado reciente (prometía hacer poco) y prolepsis al futuro (para la próxima reforma educativa) junto al empleo de un futuro con valor de probabilidad (“estará al caer”).
Detectamos en el texto procedimientos de referencia textual, fundamentalmente por medio de pronombres anafóricos (personales: ellos [los alumnos] se esperan lo peor, y demostrativos (eso [cita de Cernuda] no afecta, por eso [juicio en suspenso] el suspenso no debería). También es detectable la elipsis nominal por ausencia de sujeto (resulta [este aspecto] clave, que se regocije [el alumno], aprenderá [el alumno] algo importante).
Se manejan diversos marcadores del discurso: conectores de oposición o contraste (al revés, sin embargo), temporales (mientras, por ahora), de ejemplificación (según, reza el refranero), de refuerzo o verificación (de todas maneras), de concesividad (aunque), de concreción (entre otras cosas) y de recapitulación (en cualquier caso).
En cuanto a la adecuación, el texto responde a la variedad diatópica del español estándar sin dialectalismos ni interferencias con otros idiomas. El registro lingüístico es elaborado y formal.
Mi opinión personal es que se trata de una argumentación ocurrente y sensata la expuesta por García-Máiquez. Por esas mismas cualidades logra cautivarnos. En efecto, la vida está llena de castillos en el aire que se vienen abajo y debemos aprender a levantarlos de nuevo o, por el contrario, sobrevivir a la intemperie y a ras del suelo. Si por cada persona que triunfa hay millones que fracasan, o todavía más, si la vida de alguien con éxito está trufada de múltiples descalabros anteriores, está claro que no es una idea descabellada enseñarnos a digerir nuestras derrotas. Especialmente esto es así en una franja de edad, la de la juventud, que por su irrealismo (e incluso delirios de grandeza), tan proclive es a hundirse en el maniqueísmo del todo o nada. Enseñar a sobrellevar los fracasos impediría muchas depresiones o trataría al menos de aliviarlas. España es un país habitualmente líder europeo en tasas de abandono escolar al acabar la educación obligatoria. Numerosas estadísticas nos vienen informando de elevados porcentajes de fracaso escolar desde hace años. Frente a este panorama, deberíamos intentar expandir el espíritu de superación ante las adversidades. Saber que es más fuerte quien se levanta tras caer que quien nunca ha sufrido una caída. Y sobre todo, que caernos fortalece el espíritu mucho más que no haber probado nunca el amargo sabor de la frustración.
Para concluir, me gustaría hacer alusión al negro futuro laboral que aguarda a los jóvenes actuales. Va a ser tan despiadado y competitivo que quien no esté preparado para sufrir y saber sobrellevar el desencanto podrá sentirse marginado y a las puertas del suicidio. Para luchar contra esta situación desesperada hay que entrenarse a fondo recordando siempre que la vida es la escuela del dolor. Y sólo quien lo padece, quien convive con él, sacrificándose a diario, está en posesión de la fortaleza anímica necesaria. Así pues, menos frivolidades, superficialidades y placeres vacuos, y más esfuerzo, responsabilidad, conciencia  de la realidad y autodominio.
 
La vida escolar y laboral no es un lecho alfombrado con pétalos de rosa